jueves, 29 de mayo de 2008

NOCHE, APIÁDATE DE SERVIDOR.

La negra noche se arroja a los brazos de la ciudad como una amante despechada. Las farolas agujerean el manto azabache y rezagados peatones aprietan el paso, presas del pánico causado por el terror atávico de las tinieblas. Los edificios mutan en grotescos pilares comunales de almas humanas refugiadas del influjo ancestral de los malos augurios que adornan la nocturnidad. Figuras corvadas se acoplan a esquinas, movidas por bajos instintos, sedientos de dinero no ganado acechan posibles víctimas. No hay lugar seguro, no hay calle iluminada que no albergue las tendencias desviadas de moradores de las tinieblas, personajes de baja catadura moral, vampiros sociales, que buscan perpetuar su especie de taladradores de almas, traficantes de sustancias que nublan el juicio, difuminan la línea que separa el bien y el mal, anulan la capacidad de decidir y destruyen, en definitiva, los cimientos sobre los que se construyen la dignidad del alma humana, y en consecuencia, el recto devenir de los ciudadanos de bien.

Esa es la razón por la que no te dejo salir esta noche.

Por eso, y porque soy tu padre. Y punto en boca.

2 comentarios:

Ana Belén dijo...

¡Me ha encantao! Yo ahi, leyendo todita interesada la parrafada y luego... las dos frases del final jejejeje. Genial!
Rhiad.

Mr.Incógnito dijo...

Nada, uno que tiene las dos cosas: el juntar letras y el chimpún graciosillo. Y usted, que lo lee con buenos ojos.